Me decía un amigo aficionado a la vela, que la crisis ha sido parecida a cuando estás en la mar y de repente desaparece todo el viento. Daba igual cómo pusieses las velas, o que navegases sin ellas, “a palo seco” (pocos conocemos el origen marinero de esta expresión, que describe a un barco sin velas): sin viento, no se puede navegar.
Parece que este 2010 está empezando a levantarse algo de aire, aunque revuelto y desordenado. Brisas que soplan desde Europa y Estados Unidos, y vientos nuevos que vienen de más lejos, de China, de India, de Brasil… Son vientos fuertes, pero a los que estamos poco acostumbrados.
Las personas en nuestras empresas están haciendo buena esa sentencia que dice que en la mala mar es donde se conoce a los buenos patrones. El domingo pasado disfruté y aprendí leyendo en estas mismas páginas a Jose Mari Aldekoa explicando cómo Mondragón está capeando el temporal con la mirada puesta en el horizonte. “Se trata de la innovación concebida como transformación de nuestro tejido empresarial”, decía Aldekoa, y no puedo estar más de acuerdo. Añadiría que no puede haber transformación del tejido empresarial si no hay una profunda transformación de nuestro tejido social, de nuestro sistema educativo. Con esto no le enseño nada al grupo cooperativo, que es tomado como referencia en todo el mundo precisamente por ser capaz de juntar ambos mundos.
Así que, siguiendo con la parábola, está claro que nuestras velas son nuestras empresas: las necesitamos como motor, son las únicas que saben convertir en riqueza el viento de la actividad económica. Y no nos valen las velas en barcos ajenos, y por eso es tan importante que seamos capaces de despertar entre nosotros la vocación emprendedora, con empresarios que despierten a estos vientos globales que ahora nos tocan.
Igual que estamos despertando a vientos nuevos, tenemos que acostumbrarnos a este nuevo océano del conocimiento en el que ahora navegamos. Un océano lleno de riqueza, que nos recuerda al que hace siglos aprendimos a navegar (no por nada hay unos cetáceos que llevan el nombre de “ballena de los vascos”). Del mismo modo que entonces tuvimos que alejarnos de nuestras costas para pescar, nos toca ahora buscar el conocimiento en los nodos globales en los que están los mejores científicos y tecnólogos, para traer a nuestras empresas las últimas innovaciones.
Y ahí es donde nuestra Red Vasca de Ciencia, Tecnología e Innovación tiene un papel clave. Durante décadas los empresarios y nuestras instituciones han estado tejiendo esta red de centros tecnológicos y de investigación, de departamentos universitarios, de nodos de investigación en nuestro sistema de salud, de laboratorios, y de sus propias unidades de I+D empresariales. Gracias a ello podemos ahora echar las redes en el océano del conocimiento.
Y nuestras redes tienen que ser fuertes, estar bien malladas (por eso IK4 y Tecnalia son iniciativas claves en este momento), y tienen que combinar la pesca en nuestros mares territoriales y la pesca de altura. Redes sostenidas por las manos de nuestros empresarios, que son los que tienen el instinto para encontrar los caladeros y seguir a los bancos de peces para traer el barco a puerto lleno de pesca.
Hay otras redes que ahora también tienen importancia. Son redes nuevas, de innovación abierta, en el universo 2.0. (en el que, por cierto, ahora también Ekoberri tiene un ventana, ekoberri.com). También la Red Vasca de Ciencia, Tecnología e Innovación está muy activa en este nuevo mundo en el que la clave es la comunicación entre las personas.
Velas y redes para pescar en el mar del futuro. Todos vamos en este barco que es nuestra Euskadi, y nos trae cuenta que también nuestras instituciones sujeten con fuerza el timón, no vaya a ser que tengamos que recordar la expresión marinera de “irse al garete” (la emplean las personas de mar para indicar que una embarcación, sin gobierno, es arrastrada por el viento, la mar o la corriente).
Me preocupan los recortes que se vienen anunciando en los Presupuestos Generales del Estado para la inversión en conocimiento. Algo que el año pasado remedió en parte el acuerdo que alcanzó el Grupo Parlamentario Nacionalista Vasco para apoyar los presupuestos (en este asunto, ha venido manteniendo una coherencia poco común desde hace años). Me temo que este año va a tener también que emplearse a fondo.
Me preocupa también el escaso eco que ha tenido en los medios la iniciativa “Innovation Union” que el 6 de Octubre presentó la Comisión Europea en el Parlamento, y que ha dado una patada al objetivo de llegar al 3% de inversión en conocimiento ¡hasta el año 2020, como si tuviésemos todo el tiempo del mundo!. Nuestra Red Vasca ha sabido hasta ahora multiplicar sus recursos en los programas estatales y europeos, pero si esos recursos se distraen por falta de compromiso ¿cómo podremos tejer redes fuertes para pescar en los mares del futuro?
La música que llega de nuestras instituciones más próximas, Gobierno Vasco y Diputaciones, está bastante mejor afinada. Es una música que suena a colaboración interinstitucional y público-privada, a compartir los retos, a marcarse objetivos exigentes para nuestra Red, a captar talento y recuperarlo con iniciativas como Ikerbasque o Bizkaia Xede. Hemos adelantado a 2015 el objetivo de alcanzar un 3% de inversión en I+D, y estamos trabajando en el PCTI 2015 que nos ayude a consensuar las estrategias, las métricas para medir el avance…
No es momento de preocuparse, sino de ocuparse en preparar nuestra nave para la compleja singladura que tenemos por delante. Es momento para movilizar nuestra Red, para ponerla en valor, para estrechar sus nudos con nuestras industrias y empresas de servicios avanzados. Es momento de que nuestras instituciones sepan fijar el rumbo hacia el futuro. Sin duda, estamos ante un reto que podríamos calificar de “tela marinera”, porque en esta carrera no podemos quedarnos atrás.
Y en esta carrera, nuestro objetivo, como nos propuso acertadamente Innobasque, tiene que ser que el resto de las embarcaciones se acostumbren a ver nuestra popa, y que nosotros aprendamos a navegar tomando como referencia la línea del horizonte y no la estela de otras naves.
La carta de navegación para ese viaje me la dejaba en un precioso correo uno de mis nuevos amigos: “Larga escota marinero y dale camino al velero, que nadie llego primero quien de escotas fue usurero…”. Es momento de generosidad en las apuestas, y no tengo ninguna duda de que la Red Vasca de Ciencia, Tecnología e Innovación estará a la altura.
(*) Vicepresidente ejecutivo de IK-4

[...] Guillermo Dorronsoro Ekoberri/Deian: Velas y redes para pescar en el mar del futuro [...]
[...] Le perdoné todo ello por el final de la historia: Alicia, libre ya de la tiranía roja, decide en su regreso a la realidad que su destino es embarcarse en una preciosa nave, para abrir rutas comerciales con China. Sin duda, Tim Burton recordaba que yo iba a escribir este post, y también eso de las velas y las redes ; ) [...]